Concurso de vídeos divulgativos: “Cuéntaselo a tus padres”

¡Buenísima idea y divertidos vídeos! Mírate los 3: los padres, la hija y el hijo y ríete un poco. Yo sé que tenéis estupendas y sorprendentes cosas que contar sobre Biología ¡Anímate!

Cuéntaselo a tus padres es un concurso de divulgación científica para estudiantes a través de vídeos. Participa hasta el 1 de diciembre de 2015 en www.cuentaseloatuspadres.com.

Concurso y campaña de la Sociedad Española de Biología Molecular (SEBBM) realizada por la agencia de comunicación científica Scienseed (www.scienseed.com).

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¿Tenéis miedo de que el desodorante cause  cáncer? ¿Tenéis dudas de qué riesgos reales para la salud tienen los contaminantes encontrados en agua potable? ¿Os preocupan la contaminación oceánica por los plásticos? ¿Queréis saber qué relación tienen los brotes epidémicos de Ébola o gripe con la Conservación de la Biodiversidad? Os animo a que también participéis y nos hagáis llegar vuestros comentarios, intereses, dudas o peticiones ¡os haremos caso!

Bioindicadores: Abejas

 Información preparada por la alumna Raquel Molina Serra de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.

 

Las abejas, concretamente la especie Apis mellifera, han sido empleadas como bioindicadores de la contaminación ambiental por metales pesados en áreas urbanas, pesticidas en áreas rurales y de la presencia de radionucléidos en el ambiente. Junto con otros estresantes ambientales, los productos agroquímicos son sospechosos de contribuir al Desorden del Colapso de las Colonias (CCD, por sus siglas en inglés).

Las abejas tienen el cuerpo cubierto de pelos que ayudan a capturar las sustancias del exterior; éstas se bioacumulan tanto en el cuerpo como en los productos generados en la colmena (cera, miel, polen o propóleo). Esto nos que permite obtener información sobre las condiciones ambientales tanto del suelo, como del aire, agua y vegetación. Además, se puede determinar la procedencia de los contaminantes a través de análisis polínicos, y con ellos podemos elaborar mapas de bioseguridad.

Las abejas actúan como un detector de la contaminación ambiental de dos maneras: 1) su alta tasa de mortalidad indica la presencia de moléculas tóxicas, y 2) a través de los residuos en la miel y polen, y la presencia de metales pesados, fungicidas y herbicidas en las larvas. Por tanto, las abejas se consideran como uno de los mejores bioindicadores de la degradación ambiental.

Efectos de los metales pesados en las plantas

 Información preparada por el alumno Daniel Alejandro Truchado Martín de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.

 

El término “metales pesados” se refiere a un conjunto de elementos metálicos y a algún semimetal, que no son esenciales (no forman parte de la materia viva) y presentan un efecto tóxico para los seres vivos. Algunos ejemplos son el cadmio (Cd), el plomo (Pb) o el mercurio (Hg).

Las plantas no son una excepción, y la presencia de metales pesados en el suelo tiene una serie de efectos negativos sobre ellas. Sin embargo, también presentan una serie de mecanismos de resistencia a este tipo de contaminantes.

Entre los efectos negativos, se puede encontrar una inhibición del crecimiento de la planta, ya sea de las raíces como del resto de órganos. También tienen lugar un gran número de daños estructurales, puesto que la presencia de metales pesados en el interior de las células provoca la aparición de especies reactivas de oxígeno (ROS), produciendo estrés oxidativo. Esto, además, produce una inestabilidad de las membranas celulares.

Los metales pesados también afectan a la planta en sus actividades fisiológicas y bioquímicas. En el caso de la anhidrasa carbónica, el átomo de zinc presente en su centro activo es reemplazado por uno de metal pesado, produciendo una gran disminución de su actividad. Lo mismo sucede con varias de las enzimas implicadas en el ciclo de Calvin. Otros efectos negativos de los metales pesados en plantas son la disminución del contenido en clorofila y del potencial hídrico en las hojas, o el cierre estomático, con la consiguiente falta de CO2 para llevar a cabo una correcta fotosíntesis.

En cuanto al banco de semillas de un medio contaminado, también se ve afectado de forma negativa por la presencia de metales pesados. La mayoría produce un retraso en la germinación, y en algunos casos como con el plomo, la germinación es inhibida. Cuando la germinación tiene lugar, los embriones presentan tales alteraciones morfológicas y/o fisiológicas que, en muchos casos, acaban muriendo.

En relación a los mecanismos de resistencia frente a metales pesados, las plantas poseen una gran variedad de ellos. A nivel celular, la planta puede bloquear o reducir el flujo de entrada del metal pesado mediante la regulación de transportadores de membrana. También puede darse un bombeo extracelular del metal. Otro mecanismo de resistencia consiste en quelar al metal en el interior de la célula para que no interfiera con el metabolismo, o incluso llegar a bioacumularlo en vacuolas para expulsarlo posteriormente.

Las plantas poseen tres tipos de moléculas capaces de quelar al metal pesado: el glutatión, las fitoquelatinas y las metalotioneínas. El glutatión es un tripéptido que contiene cisteína. Puede unirse al metal y ser excretado posteriormente, o puede atenuar el efecto de la producción de ROS producidas por la presencia del metal en las células. Las fitoquelatinas son oligopéptidos formados por la condensación de varias moléculas de glutatión. Se unen al metal para evitar que produzca daños a la célula y son las más abundantes de las moléculas capaces de quelar metales pesados. Por último, las metalotioneínas son proteínas ricas en cisteína (al igual que las anteriores, con grupos –SH que se van a unir al metal). Su expresión es inducible por el metal pesado.

Los tres tipos de moléculas van a secuestrar el metal pesado para luego ser excretado al medio externo.

Algunas plantas pueden precipitar o inmovilizar el metal pesado en la superficie o en los tejidos de la raíz para así impedir que llegue a la parte aérea.

Un grupo de plantas pertenecientes a varias familias distintas reciben el nombre de hiperacumuladoras, ya que son capaces de absorber entre el 0,1 y el 1% de su peso seco del metal pesado y acumularlo en sus partes aéreas sin sufrir efecto fitotóxico. Esto es posible gracias a la rápida translocación del metal a las hojas y su posterior detoxificación y secuestro en ellas.

Con algunos metales como el Hg, algunas plantas son capaces de absorberlo junto con el agua del suelo, metabolizarlo y liberarlo mediante transpiración en forma de dimetil mercurio a través de los estomas.

Estas últimas propiedades han sido muy utilizadas para la fitorremediación, con el objetivo de eliminar la presencia de un metal pesado de suelos contaminados.

 

Bibliografía:

Cobbett, C. 2002. Phytochelatins and Metallothioneins: Roles in Heavy Metal Detoxification and Homeostasis. Annual Review of Plant Biology. 53: 159-182

Navarro-Aviñó, J. P., Aguilar, I. & Lopez-Moya, J. R. 2007. Aspectos bioquímicos y genéticos de la tolerancia y acumulación de metales pesados en plantas. Ecosistemas. 16: 10-25

Rascio, N. 2011. Heavy metal accumulating plants: How and why do they do it? And what makes them so interesting? Plant science. 180: 169-181

Sunil Kumar, S. & Shyamasree, G. 2013. Effect of heavy metals on germination of seeds. Journal of Natural Science, Biology and Medicine. 4: 272-275

Contaminación por cadmio y adaptación local de poblaciones

Información preparada por la alumna Laura Mármol Gómez de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.
 
 

Los seres vivos presentan interacción con los componentes inorgánicos del entorno en el que viven. Algunos de estos componentes son esenciales para sus procesos vitales, mientras que otros son tóxicos, estando estos últimos en una cantidad muy pequeña imposible de eliminar, y que por tanto, se acumulan en los seres vivos (Ruiz de Larramendi, 2003).

Los metales pesados son unos de estos componentes tóxicos. Debido al proceso de industrialización, que ha supuesto un aumento del uso de metales, se ha incrementado su concentración en el medio y su dispersión. Un ejemplo de estos es el cadmio, que está considerado de los más peligrosos para el medio ambiente y la salud (Madeddu, 2005). El incremento de cadmio en el medio ambiente produce un incremento de este en los seres vivos, lo que provoca efectos negativos sobre ellos. Puede ocasionar patologías en diferentes órganos y tejidos (Madeddu, 2005). Por ejemplo, en el estudio de Pérez López et al. (2005), afirman que la acumulación de cadmio en el hígado y plumas de aves marinas, ocasionado por el accidente del “Prestige”,  provocó retraso en el crecimiento, descenso de la producción de huevos, adelgazamiento de la cáscara del huevo, y alteraciones comportamentales. Esta acumulación en hígado y plumas fue mayor en unas especies que en otras. Por ejemplo, el frailecillo presentó una mayor concentración de cadmio que el arao (Pérez López et al., 2005). Esta observación es confirmada por el estudio de Hermoso de Mendoza et al. (2006), en el que midieron la concentración de metales pesados (entre ellos el cadmio) en las plumas de diferentes especies de aves rapaces en dos poblaciones (Galicia y Extremadura), obteniendo como resultado una concentración diferente en cada especie y en cada población. Esto indica que entre especies existen diferentes rangos de resistencia y tolerancia al cadmio, lo que seguramente suponga que en individuos de una misma especie se dé también esta variabilidad. Por lo tanto, en poblaciones contaminadas con cadmio, se producirá una selección a favor de los individuos que posean una alta tolerancia a este metal, produciéndose un desplazamiento de las frecuencias génicas de esa población, y por tanto, dando lugar a una adaptación local.

Según Ruiz de Larramendi (2003) esta adaptación puede deberse a que al poseer ahora el medio una concentración elevada de cadmio, este pueda competir con los elementos esenciales, y los organismos vivos que son tolerantes a dicho metal pueden terminar adquiriéndolo como elemento útil para sus procesos biológicos, y en último lugar, pase a formar parte de sus elementos esenciales.

Hay estudios que demuestran esta adaptación a agentes contaminantes en animales. Uno de ellos es el de Klerks and Levinton (1989), el cual muestra la adaptación de los oligoquetos a metales pesados. Estiman que la variación de resistencia en una población es una variación genética aditiva, y por lo tanto, constituye una variación sobre la que puede actuar la selección natural. Existe selección natural en poblaciones afectadas por contaminantes, y esta selección, puede ser muy rápida. Otro trabajo  es el de Baqueiro-Cárdenas et al. (2007), en el que afirman que poblaciones de moluscos pueden adaptarse a contaminantes tras estar expuestos a concentraciones subletales.  Estas poblaciones pueden haber adquirido resistencia genética por medio de selección natural de individuos con resistencias y tolerancias diferenciales. Además, los organismos de poblaciones contaminadas, presentan una mayor tolerancia que el resto de poblaciones, lo que indica adaptación local.

En resumen, el cadmio está aumentando su concentración en el medio ambiente, lo que lleva asociado un aumento de la acumulación de este en seres vivos, como por ejemplo en aves marinas y rapaces. Esta acumulación difiere entre individuos de una misma especie, debido a la variabilidad en la resistencia y tolerancia ante este contaminante, lo que provocará una selección diferencial a favor de los más resistentes, y por tanto una adaptación local y diferenciación de las poblaciones contaminadas respecto a las no contaminadas.

 

Bibliografía.

Baqueiro-Cárdenas, E. R.; Borabe, L.; Goldaracena-Islas, C. G.; Rodríguez-Navarro, J. (2007). Los            moluscos y la contaminación. Revista Mexicana de Biodiversidad78: 1S-7S.

Hermosos de Mendoza, M.; Soler Rodríguez, F.; Hernández Moreno, D.; Gallego Rodríguez,   M.E.; López Beceiro, A.; Pérez López, M. (2006). Estudio comparativo del nivel hepático           de metales pesados y metaloides en aves rapaces diurnas de Galicia y Extremadura. Rev. Toxicol. 23: 138-145.

Klerks, P. L.; Levinton, J. S. (1989). Rapid evolution of metal resistance in a benthic oligochaete              inhabiting a metal-polluted site. Biol. Bull. 176: 135-141.

Madeddu, R. (2005). Estudio de la influencia del cadmio sobre el medioambiente y el   organismo humano: perspectivas experimentales epidemiológicas y morfofuncionales     en el hombre y en los animales de experimentación. Universidad de Granada, Granada.

Pérez López, M.; Cid Galán, F.; Hernández Moreno, D.; Oropesa Jiménez, A.; López Beceiro,   A.M.; Fidalgo Álvarez, L.E.; Soler Rodríguez, F. (2005). Contenido de metales pesados         en hígado y plumas de aves marinas afectadas por el accidente del  “Prestige” en la costa de Galicia. Rev. Toxicol 22: 191-199.

Ruiz de Larramendi, J. I. (2003). Metales tóxicos pesados y su efecto sobre la salud. En: Pinto Cañón, G. (ed.). Didáctica de    la química y vida cotidiana: 275-282. Sección de              Publicaciones de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales. Universidad            Politécnica de Madrid. Madrid.

¿PUEDE AFECTAR LA PRESENCIA DE RODENTICIDAS A LA PRODUCTIVIDAD DE LOS ECOSISTEMAS SEMIARIDOS FRAGMENTADOS?

 Información preparada por el alumno Mario Blanco Sánchez de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.

 

La fragmentación del hábitat es un tema candente en la actualidad (Tilman et al., 1994, Pueyo et al., 2008, Wulf & Kolk, 2014), ya que afecta de manera significativa a las comunidades naturales (Collins et al., 1998, Harrison et al., 2001). Este proceso es mucho más acusado en aquellas comunidades frágiles y que presentan gran vulnerabilidad (Pueyo et al., 2008), como son las comunidades de islas edáficas yesíferas de ambientes semiáridos. Desde la teoría biogeográfica de Islas postulada por MacArthur y Wilson en 1967 se ha observado que el área de los fragmentos y la conectividad entre ellos eran factores claves a la hora de regular las poblaciones aisladas. La fragmentación se define como un proceso por el cual “una gran extensión de hábitat se transforma en una serie de parches pequeños de superficie total inferior, aislados unos de otros por una matriz de hábitat diferente a la original” (Wilcove et al., 1986). Más tarde se observó que la fragmentación afectaba al hábitat reduciendo la cantidad de hábitat, aumentando el número de parches de hábitat, disminuyendo los tamaños de los fragmentos de hábitat y aumentando en el aislamiento de los parches. Posteriormente, se observó que los efectos de la fragmentación son más acusados en aquellas comunidades frágiles y que presentan gran vulnerabilidad (Pueyo et al., 2008). Actualmente, se piensa que en estas comunidades frágiles y vulnerables, la calidad del parche tiene un efecto tan importante o mayor que la fragmentación, tal y como han observado otros autores anteriormente (Honnay et al., 1999 a, b).

Uno de los principales ingenieros ecológicos en estos ecosistemas es el conejo (Oryctolagus cuniculus). El conejo remueve el terreno, mejorando las condiciones edáficas (como por ejemplo la disponibilidad de nutrientes, la infiltración de agua y la estructura edáfica) (Elridge & Myers, 2001), lo que permite una mayor germinación de las semillas presentes en el pool regional. Las mejoras en las condiciones edáficas provocadas por la actividad del conejo conllevan una mayor productividad de la vegetación. De este modo, el conejo es capaz de incrementar la cobertura vegetal de un lugar determinado (Dickman, 1999; Kinlaw 1999; Whitford & Kay, 1999).

Sin embargo, la supervivencia del conejo se ve seriamente afectada debido al uso de rodenticidas por parte de los agricultores locales. Dichos agricultores, suministran rodenticidas en sus campos de cultivo para evitar que los conejos no se alimenten de sus cosechas. Los principales rodenticidas son anticoagulantes, que interfieren con la vitamina K, que es la encargada de la producción de factores de coagulación en el hígado. Por lo tanto, los rodenticidas matan al predisponer los animales a una hemorragia mortal. El primer anticoagulante sintetizado para su uso como pesticida fue la “warfarina”, compuesto a base de “cumarina”, introducido en la década de 1940 (Osweiler et al., 1985). Otros rodenticidas a base de “cumarina” fueron desarrollados posteriormente. También se desarrollaron compuestos indandiónicos como el “diphenadione”, que muestran una actividad anticoagulante similar. Posteriormente, algunas poblaciones de roedores desarrollaron resistencia a los anticoagulantes anteriormente mencionados, por lo que se desarrollaron otros más potentes como el “brodifacoum“ y la “bromadiolona”, que matan al animal inmediatamente después de la ingestión del compuesto. No obstante, estos compuestos afectan a una gran cantidad de mamíferos y aves salvajes como se ha demostrado en numerosos estudios (Evans & Ward ,1967; Mendenhall & Pank, 1980), ya sea por ingestión del compuesto o por alimentación de roedores contaminados.

Otro compuesto que se utilizaba como rodenticida era el fluoroacetato de sodio, que afecta al ciclo de Krebs del organismo. Este compuesto cobró fama en los Estados Unidos como resultado de una búsqueda de rodenticidas que no estuvieran sujetos a la escasez impuesta por la Segunda Guerra Mundial (Ward, 1945). El fluoroacetato de sodio y otros compuestos relacionados se habían considerado anteriormente como insecticidas sistémicos. Poco más tarde se descubrió que este compuesto está presente en algunas plantas como Dichapetalum cymosum o Acacia georgiana. Actualmente este tipo de compuestos se encuentra en deshuso, ya que se descubrió su alta toxicidad en humanos y numerosos casos de intoxicación secundaria a ganado y a animales domésticos. Además, cabe destacar que no existe un antídoto para controlar la ingestión accidental.

En la actualidad, se tratan de suministrar compuestos que sean inocuos para el ser humano y para el resto de animales no objetivo. Estos son las ureas sustituidas y las thioureas. Las ureas sustituidas son derivados de la urea (NH2-CO-NH2), a la que se le sustituyen tres de sus hidrógenos por diversos radicales. Este tipo de compuesto afecta al páncreas de los roedores, provocándoles diabetes y posteriormente la muerte. Las thioureas provocan edema pulmonar y derrame pleural a los roedores. Una de sus principales ventajas es que no provoca daños al ser humano y a otros animales (a excepción del perro) (Richter, 1945). Entre sus principales desventajas se encuentran la resistencia que presentan hacia ella muchas especies de roedores y la gran variación de dosis entre especies distintas de roedores (si no se aplica una dosis suficiente, el organismo podría desarrollar resistencia hacia las thioureas).

Por último, cabe destacar que la productividad y el funcionamiento de muchos ecosistemas están regulados por la presencia del conejo y otros roedores, por lo que estos productos habría que utilizarlos con mesura y cautela.

 

BIBLIOGRAFÍA

Dickman, C.R. (1999). Rodent-ecosystem relationships: a review. En: Singleton, G.R., Hinds, L.A., Leirs, H., Zhang, Z. (Eds.). Ecologically based management of rodent pests, pp. 113-133, Centre for International Agricultural Research, Canberra, Australia.

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Honnay, O., Hermy, M. & Coppin, P. (1999a). Effects of area, age and diversity of forest patches in Belgium on plant species richness, and implications for conservation and reforestation. Biological Conservation 87: 73–84.

Kinlaw, A. (1999). A review of burrowing by semi-fossorial vertebrates in arid environments. Journal of Arid Environments. 41:127-145.

MacArthur, R.H. & Wilson, E.O., (1967). The Theory of Island Biogeography. Princeton University Press, Princeton.

Mendenhall, V. M., & Pank, L. F. (1980). Secondary poisoning of owls by anticoagulant rodenticides. Wildlife Society Bulletin 8: 311–315.

Osweiler, G. D., Carson, T. L., Buck, W. B., Vangelder, G. A. (1985). Clinical and diagnostic veterinary toxicology, Third edition. Kendall/Hunt, Dubuque, Iowa, 494 pp.

Pueyo Y., Alados C. L., Barrantes O., Komac B., and Rietkerk M. (2008). Differences in gypsum plant communities associated with habitat fragmentation and livestock grazing. Ecological Applications 18:954–964.

Richter, C. P. (1945). The development and use of alpha-naphthyl thiourea (ANTU) as a rat poison. J. Am. Med. Assoc. 129, 927–931.

Tilman, D., May R. M., Lehman C. L., & Nowak, M. A. (1994). Habitat destruction and the extinction debt. Nature 371:65–66.

Ward, J. C. (1945). Rodenticides – Present and future. Soap Sanit. Chem. 21(9), 117 119, 127.

Whitford, W.G. & Kay, F.R. (1999) Bioperturbation by mammals in deserts: a review. Journal of Arid Environments 41:203-230.

Wilcove, D.S., McLellan, C.H., Dobson, A.P. (1986). Habitat fragmentation in the temperate zone. In Conservation Biology, ed. ME Soule, pp. 237–56. Sunderland, MA: Sinauer

Wulf, M. & Kolk, J. (2014). Plant species richness of very small forests related to patch configuration, quality, heterogeneity and history. Journal of Vegetation Science.

Efecto de los herbicidas sobre la composición de las comunidades en ambientes semiáridos

Información preparada por la alumna Marina Ramos Muñoz de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.
 
 

Los mecanismos que regulan la composición de las comunidades ha sido y es un tema  muy estudiado  a lo largo de la historia de la ecología (Clements, 1916; Zobel, 1997; Hubbell 2001, Götzenberger et al., 2012). Las especies de una comunidad se establecen  mediante un mecanismo denominado filtrado de especies; regulado por factores no excluyentes y jerárquicos, como: la causalidad o azar, patrones históricos de especiación y migración,  factores abióticos o ambientales (como la disponibilidad de luz o hídrica y bióticos (por ejemplo las relaciones de competencia entre especies) (Zobel 1997). Por tanto, los factores externos y las actividades antrópicas  también van a regular la dinámica de las comunidades.
Una de las formaciones vegetales más características de las zonas semiáridas mediterráneas, son los espartales compuestos principalmente por Stipa tenacissima. Muchas de estas zonas se caracterizan por una degradación del suelo, debido a actividades agrarias. En estos sistemas se utilizan herbicidas para eliminar las plantas que no se desea que aparezcan, y normalmente actúan interfiriendo en el crecimiento de estas, mediante diferentes modos de acción: detienen la germinación de las semillas o su establecimiento como plántulas; evitan que las plantas elaboren los carbohidratos, proteínas o lípidos esenciales o secan las hojas y tallos (Powles y Yu, 2010). Por tanto el uso de estos compuestos químicos está creando una preocupación acerca de su persistencia en el suelo, su toxicidad para organismos no diana, y la  resistencia que presentan muchas especies. Un ejemplo de esto último, es la resistencia que tienen muchas plantas a herbicidas inhibidores de la síntesis de los aminoácidos de cadena ramificada. Esta resistencia provoca mutaciones en los genes de las plantas, que en los biotipos resistentes muestran una disminución o un aumento en la actividad de la primera enzima de la ruta biosintética de los aminoácidos valina, leucina e isoleucina (Yu et al., 2007; Timothy et al., 2012, Johnson, 2012, Eberlein et al., 1999).

Los herbicidas se pueden clasificar dependiendo de su acción; de acción foliar y translocación; de contacto; con actividad en el suelo y con actividad foliar y a través del suelo. Por ejemplo los de acción foliar son los que actúan a través de la parte aérea de la planta y se traslocan por los haces vasculares. Muchos herbicidas a través de varios grupos químicos (por ejemplo, triazinas, triazinonas, uracilos o ureas) inhiben la fotosíntesis mediante el mismo proceso: compiten con  la plastoquinona  en el sitio de unión en la proteína D1 dentro del complejo fotosistema dos (Oettmeier, 1999).  Otros como los carbamatos afectan a los meristemos, inhibiendo el crecimiento en ápices y yemas, y en última instancia provocan deformaciones. De los herbicidas que actúan en el suelo, el DCPA es un herbicida pre-emergente utilizado en los pastos de plantas anuales. La EPA (Environmental Protection Agency) lo considera no tóxico per se,  pero alguno de sus compuestos por separado si son tóxicos (contienen dioxinas y hexaclorobencenos) y además se ha visto que puede afectar a especies diferentes de plantas anuales. Parece ser moderadamente tóxico para algunas aves juveniles, causando alta mortalidad y es poco tóxico para insectos como las abejas (tomado de U.S. Environmental Protection Agency).

Cabe decir que los herbicidas son el grupo de productos químicos más usados a escala mundial, y son  beneficiosos para el desarrollo  de los cultivos (Boutin y Jobin, 1998), pero únicamente durante el tiempo que permanecen en la zona de  influencia de las raíces de las plantas que interesa eliminar. Si una porción de los productos químicos aplicados abandona dicha zona de influencia, pueden convertirse en productos perjudiciales, actuando contra el medio ambiente (Flury 1996). Así, un herbicida aplicado al suelo, suele sufrir diversos procesos como  evaporación, lixiviación, adsorción y/o degradación (Crosby, 1998). Esto puede  modificar la función y  la estructura de las comunidades microbianas del suelo, alterando así el funcionamiento normal de los ecosistemas terrestres, que a su vez tiene implicaciones importantes para la fertilidad y calidad  del suelo (Pampulha y Oliveira, 2006). Estudios recientes han visto que el uso de dos herbicidas (glifosato y oxifluorfen), produce un efecto negativo en el metabolismo microbiano (disminuyendo la actividad deshidrogenasa del suelo y el dióxido de carbono liberado), lo que sugiere que la microbiota del suelo no es capaz de usar estos  herbicidas como una fuente de energía y nutrientes, e incluso podrían  llegar a ser tóxicos para algunos grupos microbianos. Otro ejemplo es el bromoxinil, herbicida utilizado para el control de plantas anuales. Aunque este herbicida tiene una baja persistencia en el suelo se ha visto que puede inhibir la acción de bacterias que promueven la formación de nitrito en el proceso de la nitrificación del suelo. Por tanto el bromoxinil desequilibra los flujos de materia y energía, afectando así a todas las comunidades de plantas, bacterias, hongos, insectos…
Este proceso de degradación del suelo, se intensifica con el desbroce de la vegetación natural y con factores ambientales y climáticos adversos, incluyendo períodos de baja e irregular precipitación y sequías frecuentes, que son tan característicos de los ambientes semi-aridos de la Península (García et al.,1997). Por tanto el uso indebido de herbicidas no es recomendable para desarrollar un agroecosistema sostenible en ambientes semiáridos mediterráneos, debido a que influye de forma directa en las comunidades de plantas y  microorganismos del suelo, afectando a su vez a los procesos que regulan la cantidad y la calidad de los nutrientes que entran en el suelo y su distribución espacial (Christensen, 1996).

Bibliografía:
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Crosby, D. 1998. Environmental Toxicology and Chemistry. Chapter 4: Environmental Transport. p. 51-67. Oxford University Press, New York, USA.

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Eberlein, C. V., Guttieri, M. J., Berger, P. H., Fellman, J. K., Mallory-Smith, C. A., Thill, D. C., … & Belknap, W. R. (1999). Physiological consequences of mutation for ALS-inhibitor resistance. Weed Science, 383-392.
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