Ébola, epidemias, medio ambiente y sanidad ambiental

Os traduzco unos párrafos del artículo publicado por Tom Koch un escritor y profesor de ética médica y geografía epidemiológica, autor de Cartographies of Disease (2005)Disease Maps: Epidemics on the Ground (2011). He seleccionado un extracto de su artículo publicado en Remedia titulado Ebola: Epidemics, Pandemics and the Mapping of their Containment y que me ha parecido muy interesante desde el punto de vista de la salud ambiental por su actualidad en relación con el virus del Ébola.

Enfermedad epidémica y pandémica

La elaboracion de mapas sirve no sólo para diseñar estrategias de contención de la enfermedad cuando ésta ocurre, sino que nos permite buscar los ambientes que sirven como incubadores de la enfermedad, lo que es igual de importante ¿Cuáles son los orígenes del Ébola en África o, por extensión, cualquiera de las epidemias que han amenazado con llegar a pandemias: las cepas de gripe de China o México, el coronavirus de oriente medio (MERS), el virus del Nilo occidental, etc.? Estamos en un periodo de rápida evolución microbiana y los brotes comienzan en países pobres – o regiones pobres de países ricos – y entonces se extienden ¿Qué pasa y cómo podemos entenderlo?

La evolución bacteriana y viral esta propiciada por una serie de condiciones bien conocidas. Estas incluyen el crecimiento urbano en un contexto de deforestación que altera las ecologías tradicionales. Con el crecimiento urbano típicamente llega la pobreza –y la desigualdad de rentas– resultado de lo cual es el hacinamiento de grandes grupos de personas inmunodeprimidas en ciudades densamente pobladas pero deficientemente mantenidas. Esto,a su vez, proporciona un ambiente ideal para la evolución de microorganismos desplazados por la urbanización, la deforestación y los cambios en los patrones tradicionales de la producción agrícola. Todo esto ocurre en el contexto de viajes locales, regionales o nacionales y el comercio, que aseguran nuevos vectores de desplazamiento para las cepas microbianas aparecidas.

Los elementos que contribuyen a la evolución del Ébola y su maduración, desde los brotes aislados al estatus epidémico, pueden ser todos cartografiados. Incluyen tasas de deforestación, urbanización, niveles de saneamiento local y desigualdad de rentas. A un nivel más sofisticado, la relación existente entre la sobrepesca de las aguas africanas y el incremento en el uso de caza local como dieta básica, es un factor implicado en el desarrollo del Ébola que podría ser igualmente cartografiado [15] . Esto podría servir para crear un índice por el cual las probables fuentes de condiciones para la evolución de bacterias y virus podía predecirse. También podría imponer un rasero ético en las sociedades locales, y a nivel internacional, que permiten que estas condiciones existan.

Y, por supuesto, en el caso de una epidemia (está o la próxima) los mapas podrían servir para describir, como el mapa de Arrieta lo hizo en su momento, programas de contención y asistencia. Como Daniel Defoe sabía, la cuarentena no servirá si no hay comida o servicios médicos para la población afectada. Sabemos cómo desarrollar una respuesta integral a las enfermedades infecciosas. Los mapas de la peste, la fiebre amarilla, el cólera, la gripe, etcétera, nos proporcionan modelos para la planificación, previa o sobre el terreno, de las acciones necesarias. Carecemos, sin embargo, de entidades internacionales que las acometan, y la voluntad nacional de participar en ellas. Lo que perdimos en el siglo XIX fue el sentido de la responsabilidad del Estado a todos los niveles de la asistencia y la contención, independientemente del coste. Curiosamente, quizás, hemos perdido el sentido de la naturaleza mundial de las enfermedades epidémicas y por lo tanto la necesidad de respuestas mundiales.

Y así hoy somos mejores técnicamente, tenemos mayores conocimientos científicos, pero éticamente y políticamente tenemos menos capacidad de responder a emergencias sanitarias cuyo curso puede ser cartografíado y cuyos orígenes pueden ser localizados pero cuya respuesta requiere un tipo de voluntad que parece que hemos perdido.

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Primer caso de Ébola diagnosticado fuera de África

El primer caso de Ébola diagnosticado fuera de África es un hombre que viajó de Liberia a Texas hace unos días. Según los epidemiólogos, la enfermedad se encuentra en un estadio de expansión explosiva en la que los casos se multiplican día a día, ya que cada enfermo contagia a varios de sus cuidadores simultáneamente. Esto junto con el hecho de que existe un período relativamente largo de incubación asintomática, hace cada vez más probable la llegada de personas infectadas, aunque aún no enfermas, a cualquier país del mundo. La enfermedad es muy grave, con una mortalidad muy elevada en personas sin patologías previas (superior al 50%) y no existen tratamientos específicos, tan sólo paliativos, es decir, de compensación de los síntomas. Actualmente, la muerte o supervivencia depende exclusivamente de la capacidad individual de recuperación. Si bien no se transmite por el aire, su transmisión es muy eficaz por el contacto directo con fluidos corporales de un enfermo o indirecto con material contaminado. Es decir, no sólo la manipulación directa del paciente o sus muestras biológicas pueden provocar el contagio, sino que la manipulación de su ropa o la ropa de cama sucia también puede hacerlo. A pesar de que los bulos que recorren las redes sociales dicen lo contrario, ninguna de las enfermedades infecciosas con las que se enfrentan nuestros sistemas sanitarios se contagian tan fácilmente y son tan mortíferos. He llegado a leer que su contagio es comparable al del SIDA, una enfermedad que necesita de un contacto sexual estrecho o bien la introducción directa en sangre. Desafortunadamente el Ébola es más peligroso, como están demostrando los datos de contagio entre el personal sanitario con larga experiencia asistencial. Aunque también es verdad que, hasta el momento, el hecho de que mate a casi todos los que infecta ha hecho que los brotes se autoextingan cuando todo un poblado o aldea africana aislada muere. Ya no hay nadie que pueda enfermar y contagiar.

No soy partidaria de alarmismos injustificados y efectivamente los desfiles de motoristas escoltando ambulancias en la televisión me han parecido exageradas, pero el actual brote de Ébola es un desastre para África, donde ya han enfermado 20.000 personas en la fase inicial de la epidemia, entre ellos los pocos sanitarios que sabían y podían ayudar a la población. Y es inevitable que personas infectadas se muevan por el mundo y nos encontremos con casos en nuestras ciudades y hospitales. Afortunadamente nuestros sistemas sanitarios tienen capacidad para aislar adecuadamente estos casos y limitar o incluso evitar el contagio a la población general. Los tratamientos paliativos de los que disponemos permitirán que algunos de los pacientes sobrevivan. Pero sin un fármaco disponible para tratar la enfermedad, muchos morirán. Y por mucho que se critique una mano negra de las farmacéuticas que magnifique falsamente el peligro para vendernos un fármaco, lo cierto es que no existe ningún fármaco que vender. También existe un mito referente a la exageración de la gravedad del Ébola para vender una supuesta vacuna. Desgraciadamente, no existe tal vacuna. Si existiera (o cuando exista, siendo optimistas), las farmacéuticas y empresas médicas dejarían de vender todo el material necesario para atender a las decenas de miles de enfermos. No existe tal vacuna, y solamente la habrá si se desarrolla con fondos públicos. Los africanos son demasiado pobres para ser un mercado apetecible.
Pero hoy sabemos que el Ébola puede llegar, por aire, por barco e incluso por tierra. Y llegará. Quizás no con este brote. Pero los desequilibrios económicos, las hambrunas, las guerras o el acaparamiento de tierras de pueblos indígenas por grandes empresas especuladoras están empujando grandes movimientos migratorios. Grandes e imparables. Los estudios sobre el cambio global prevén tanto desplazamientos de poblaciones humanas como desplazamiento de las enfermedades y cambio de patrón epidemiológico. Y aparte de luchar contra el cambio global y por la soberanía alimentaria, la medida más asequible y eficaz para controlar el Ébola es desarrollar una vacuna.

Si queréis más información podéis leer este breve artículo del American Scientific:

First Ebola Case Diagnosed in the U.S. – http://pulse.me/s/2PAwmY

Para una información más ampliada podéis leer la pagina en español de la OMS: http://www.who.int/csr/disease/ebola/es/ . Contiene un informe muy interesante sobre los posibles riesgos de salto de la enfermedad a áreas de América de características climáticas y ecológicas similares.

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Nuevo informe sobre las sustancias químicas que perturban la función endocrina

Según un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca del estado de los conocimientos científicos sobre las sustancias químicas que perturban la función endocrina (State of the Science of Endocrine Disrupting Chemicals) muchas sustancias químicas sintéticas cuyos efectos sobre el sistema hormonal todavía están por investigar podrían tener importantes repercusiones en la salud.

http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2013/hormone_disrupting_20130219/es/

En el informe se pide que se siga investigando para entender plenamente las relaciones entre esos denominados perturbadores endocrinos (PE) -presentes en muchos productos domésticos e industriales- y determinadas enfermedades y trastornos. El informe señala que estudios más exhaustivos y mejores métodos analíticos podrían reducir el riesgo de enfermedad y generar ahorros considerables para la salud pública.

La exposición al DDT asociada a un mayor riesgo de padecer Alzheimer

La ciencia no ha logrado esclarecer aún las causas de esta enfermedad, aunque su aparición en personas de avanzada edad se vincula con factores genéticos, ambientales y también con el estilo de vida. Un nuevo estudio publicado en la revista JAMA Neurology afirma que la exposición prolongada a los pesticidas aumenta el riesgo de desarrollar este trastorno neurodegenerativo. En concreto, el trabajo habla de los productos elaborados con DDT, un compuesto cuyo uso ha sido prohibido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) a causa de su toxicidad, su persistencia en el medio ambiente durante décadas y su acumulación en el organismo de los seres vivos, incluido el ser humano.

 

La contaminación del aire causa cáncer

La ONU hace oficial algo que ya habían puesto de manifiesto los estudios científicos hace tiempo: la contaminación del aire puede causar cáncer. Podéis leer un breve artículo aquí:

http://www.the-scientist.com/?articles.view/articleNo/37943/title/A-Dire-Air-Pollution-Warning/”>A Dire Air Pollution Warning | The Scientist Magazine®

Debemos demandar a nuestras autoridades que vigilen y controlen los niveles de contaminación del aire. Ya es hora de fomentar las energías limpias en las ciudades: vehículos eléctricos, placas solares, geotermia, energía eólica . Si las previsiones económicas incluyeran los gastos que las emisiones de calefacciones y vehículos de combustión causan por cuidados médicos, bajas laborales, pensiones de invalidez y gasto farmacéutico, probablemente ya no se podría argumentar que el cambio de paradigma energético es demasiado costoso ¿No creéis?