Los edulcorantes alteran la flora bacteriana intestinal y podrían causar también diabetes

En los últimos años hay una corriente pseudocientífica que defiende que el azúcar es un verdadero “veneno” y anima a eliminarlo de la dieta de niños y adultos. Evidentemente, por poca Biología que hayamos estudiado, sabemos que el azúcar es una fuente básica de energía directamente utilizable, especialmente necesaria para el buen funcionamiento cerebral. El azúcar es un nutriente energético, no un veneno.

Evidentemente, el consumo exagerado de azúcares y grasas a través de golosinas y dulces, unido a la falta de ejercicio físico (y mental) y aderezado con pequeñas dosis de ciertos microcontaminantes ambientales con capacidad de confundir al sistema endocrino, están desencadenando una epidemia de obesidad y diabetes (tipo II) en niños y adultos de sociedades acomodadas.

Para explicar esta pandemia del siglo XXI tampoco se debe olvidar el factor socioeconómico y cultural, ya que son las clases más desfavorecidas, incluyendo inmigrantes económicos y minorías étnicas, las que están siendo azotadas con más dureza. Se diría que las clases pudientes, los “ricos de tradición” han adoptado una higiene alimentaria y unos hábitos de vida saludables que limitan el impacto de la obesidad a través de unas dietas más restrictivas y una rutina de ejercicio y cuidado personal (¿o no es muy elegante comer como un pajarito y pasarse el día de la hípica al golf?).

Entre las estrategias surgidas para limitar el consumo de azúcar se encuentra la de endulzar los alimentos con edulcorantes de distinta naturaleza. Algunos sintéticos y otros de fuentes naturales. Esta sustitución rebaja el contenido calórico y puede ayudar a perder peso, pero un consumo exclusivo y excesivo, como siempre, trae consecuencias. Un estudio que acaba de publicarse asegura que el consumo de tres de estos edulcorantes (sacarina, sucralosa y aspartamo) altera la flora intestinal, los simbiontes alimentarios, de ratones, de manera que también terminan con intolerancia a la glucosa del azúcar, que es la base de la diabetes tipo II que se desarrolla en personas obesas.

Asumiendo que lo que les ocurre a los ratones podría ocurrirnos también a los humanos ¿qué hacer?¿se pueden tomar o no estos edulcorantes?¿cómo se puede hacer una dieta para perder peso sin ellos? Pues yo también los tomo y me lo pregunto. En el fondo todos sabemos la respuesta, la salud alimentaria nace de la variedad. Sustituir temporalmente o parcialmente el azúcar por edulcorantes no nos va a producir obesidad, diabetes o cáncer. Una dieta rica en azúcares y grasas animales, pobre en verduras, legumbres y frutas, pasarnos el día sentados en el cole, el coche o la oficina y fumar ¡Síiii! Así que ya sabes (y ya lo sabías…)

Artificial sweeteners induce glucose intolerance by altering the gut microbiota : Nature : Nature Publishing Group.

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