¿PUEDE AFECTAR LA PRESENCIA DE RODENTICIDAS A LA PRODUCTIVIDAD DE LOS ECOSISTEMAS SEMIARIDOS FRAGMENTADOS?

 Información preparada por el alumno Mario Blanco Sánchez de la asignatura de Contaminación Ambiental y Biodiversidad del Máster Oficial en Técnicas de Caracterización y Conservación de la Diversidad Biológica.

 

La fragmentación del hábitat es un tema candente en la actualidad (Tilman et al., 1994, Pueyo et al., 2008, Wulf & Kolk, 2014), ya que afecta de manera significativa a las comunidades naturales (Collins et al., 1998, Harrison et al., 2001). Este proceso es mucho más acusado en aquellas comunidades frágiles y que presentan gran vulnerabilidad (Pueyo et al., 2008), como son las comunidades de islas edáficas yesíferas de ambientes semiáridos. Desde la teoría biogeográfica de Islas postulada por MacArthur y Wilson en 1967 se ha observado que el área de los fragmentos y la conectividad entre ellos eran factores claves a la hora de regular las poblaciones aisladas. La fragmentación se define como un proceso por el cual “una gran extensión de hábitat se transforma en una serie de parches pequeños de superficie total inferior, aislados unos de otros por una matriz de hábitat diferente a la original” (Wilcove et al., 1986). Más tarde se observó que la fragmentación afectaba al hábitat reduciendo la cantidad de hábitat, aumentando el número de parches de hábitat, disminuyendo los tamaños de los fragmentos de hábitat y aumentando en el aislamiento de los parches. Posteriormente, se observó que los efectos de la fragmentación son más acusados en aquellas comunidades frágiles y que presentan gran vulnerabilidad (Pueyo et al., 2008). Actualmente, se piensa que en estas comunidades frágiles y vulnerables, la calidad del parche tiene un efecto tan importante o mayor que la fragmentación, tal y como han observado otros autores anteriormente (Honnay et al., 1999 a, b).

Uno de los principales ingenieros ecológicos en estos ecosistemas es el conejo (Oryctolagus cuniculus). El conejo remueve el terreno, mejorando las condiciones edáficas (como por ejemplo la disponibilidad de nutrientes, la infiltración de agua y la estructura edáfica) (Elridge & Myers, 2001), lo que permite una mayor germinación de las semillas presentes en el pool regional. Las mejoras en las condiciones edáficas provocadas por la actividad del conejo conllevan una mayor productividad de la vegetación. De este modo, el conejo es capaz de incrementar la cobertura vegetal de un lugar determinado (Dickman, 1999; Kinlaw 1999; Whitford & Kay, 1999).

Sin embargo, la supervivencia del conejo se ve seriamente afectada debido al uso de rodenticidas por parte de los agricultores locales. Dichos agricultores, suministran rodenticidas en sus campos de cultivo para evitar que los conejos no se alimenten de sus cosechas. Los principales rodenticidas son anticoagulantes, que interfieren con la vitamina K, que es la encargada de la producción de factores de coagulación en el hígado. Por lo tanto, los rodenticidas matan al predisponer los animales a una hemorragia mortal. El primer anticoagulante sintetizado para su uso como pesticida fue la “warfarina”, compuesto a base de “cumarina”, introducido en la década de 1940 (Osweiler et al., 1985). Otros rodenticidas a base de “cumarina” fueron desarrollados posteriormente. También se desarrollaron compuestos indandiónicos como el “diphenadione”, que muestran una actividad anticoagulante similar. Posteriormente, algunas poblaciones de roedores desarrollaron resistencia a los anticoagulantes anteriormente mencionados, por lo que se desarrollaron otros más potentes como el “brodifacoum“ y la “bromadiolona”, que matan al animal inmediatamente después de la ingestión del compuesto. No obstante, estos compuestos afectan a una gran cantidad de mamíferos y aves salvajes como se ha demostrado en numerosos estudios (Evans & Ward ,1967; Mendenhall & Pank, 1980), ya sea por ingestión del compuesto o por alimentación de roedores contaminados.

Otro compuesto que se utilizaba como rodenticida era el fluoroacetato de sodio, que afecta al ciclo de Krebs del organismo. Este compuesto cobró fama en los Estados Unidos como resultado de una búsqueda de rodenticidas que no estuvieran sujetos a la escasez impuesta por la Segunda Guerra Mundial (Ward, 1945). El fluoroacetato de sodio y otros compuestos relacionados se habían considerado anteriormente como insecticidas sistémicos. Poco más tarde se descubrió que este compuesto está presente en algunas plantas como Dichapetalum cymosum o Acacia georgiana. Actualmente este tipo de compuestos se encuentra en deshuso, ya que se descubrió su alta toxicidad en humanos y numerosos casos de intoxicación secundaria a ganado y a animales domésticos. Además, cabe destacar que no existe un antídoto para controlar la ingestión accidental.

En la actualidad, se tratan de suministrar compuestos que sean inocuos para el ser humano y para el resto de animales no objetivo. Estos son las ureas sustituidas y las thioureas. Las ureas sustituidas son derivados de la urea (NH2-CO-NH2), a la que se le sustituyen tres de sus hidrógenos por diversos radicales. Este tipo de compuesto afecta al páncreas de los roedores, provocándoles diabetes y posteriormente la muerte. Las thioureas provocan edema pulmonar y derrame pleural a los roedores. Una de sus principales ventajas es que no provoca daños al ser humano y a otros animales (a excepción del perro) (Richter, 1945). Entre sus principales desventajas se encuentran la resistencia que presentan hacia ella muchas especies de roedores y la gran variación de dosis entre especies distintas de roedores (si no se aplica una dosis suficiente, el organismo podría desarrollar resistencia hacia las thioureas).

Por último, cabe destacar que la productividad y el funcionamiento de muchos ecosistemas están regulados por la presencia del conejo y otros roedores, por lo que estos productos habría que utilizarlos con mesura y cautela.

 

BIBLIOGRAFÍA

Dickman, C.R. (1999). Rodent-ecosystem relationships: a review. En: Singleton, G.R., Hinds, L.A., Leirs, H., Zhang, Z. (Eds.). Ecologically based management of rodent pests, pp. 113-133, Centre for International Agricultural Research, Canberra, Australia.

Eldridge, D. J. & Myers, C. A. (2001). The impact of warrens of the European rabbit (Oryctolagus cuniculus L.) on soil and ecological processes in a semi-arid Australian woodland. Journal of Arid Environments, Volume 47, Issue 3, Pages 325-337, ISSN 0140-1963, http://dx.doi.org/10.1006/jare.2000.0685.

Evans, J., & Ward, A. L. (1967). Secondary poisoning associated with anticoagulant-killed nutria. Journal of the American Veterinary Medicine Association 151: 856–861.

Honnay, O., Endels, P., Vereecken, H. & Hermy, M. (1999b). The role of patch area and habitat diversity in explaining native plant species richness in disturbed suburban forest patches in northern Belgium. Diversity and Distributions 5: 129–141.

Honnay, O., Hermy, M. & Coppin, P. (1999a). Effects of area, age and diversity of forest patches in Belgium on plant species richness, and implications for conservation and reforestation. Biological Conservation 87: 73–84.

Kinlaw, A. (1999). A review of burrowing by semi-fossorial vertebrates in arid environments. Journal of Arid Environments. 41:127-145.

MacArthur, R.H. & Wilson, E.O., (1967). The Theory of Island Biogeography. Princeton University Press, Princeton.

Mendenhall, V. M., & Pank, L. F. (1980). Secondary poisoning of owls by anticoagulant rodenticides. Wildlife Society Bulletin 8: 311–315.

Osweiler, G. D., Carson, T. L., Buck, W. B., Vangelder, G. A. (1985). Clinical and diagnostic veterinary toxicology, Third edition. Kendall/Hunt, Dubuque, Iowa, 494 pp.

Pueyo Y., Alados C. L., Barrantes O., Komac B., and Rietkerk M. (2008). Differences in gypsum plant communities associated with habitat fragmentation and livestock grazing. Ecological Applications 18:954–964.

Richter, C. P. (1945). The development and use of alpha-naphthyl thiourea (ANTU) as a rat poison. J. Am. Med. Assoc. 129, 927–931.

Tilman, D., May R. M., Lehman C. L., & Nowak, M. A. (1994). Habitat destruction and the extinction debt. Nature 371:65–66.

Ward, J. C. (1945). Rodenticides – Present and future. Soap Sanit. Chem. 21(9), 117 119, 127.

Whitford, W.G. & Kay, F.R. (1999) Bioperturbation by mammals in deserts: a review. Journal of Arid Environments 41:203-230.

Wilcove, D.S., McLellan, C.H., Dobson, A.P. (1986). Habitat fragmentation in the temperate zone. In Conservation Biology, ed. ME Soule, pp. 237–56. Sunderland, MA: Sinauer

Wulf, M. & Kolk, J. (2014). Plant species richness of very small forests related to patch configuration, quality, heterogeneity and history. Journal of Vegetation Science.

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